La idea de que una organización sin fines de lucro necesita asesoría financiera especializada puede sonar contraintuitiva. Pero la realidad es que los proyectos sociales con mayor capacidad de atraer capital de impacto son aquellos que hablan el lenguaje de la estructuración financiera sin perder su vocación social.
Concretamente, un proceso de estructuración financiera para un proyecto social incluye el diagnóstico de la viabilidad del proyecto desde la perspectiva del inversionista (no solo del beneficiario), la construcción de un modelo financiero que refleje los flujos reales y los escenarios de estrés, el diseño de la estructura de capital óptima identificando qué porción debe ser donación, qué porción puede ser deuda y qué porción admite inversión retornable, la preparación de documentación de grado institucional (memorando de información, teaser, términos de referencia para inversionistas), y la estrategia de acercamiento y negociación con las contrapartes de financiamiento.
Este proceso no reemplaza la misión social de la organización. La complementa con una capa de rigor financiero que transforma un «proyecto que busca fondos» en una «oportunidad de inversión de impacto estructurada».



